Lapatilla agosto 18 2026, 11:13 amPosteado en: OpiniónCompártelo: Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn “La historia está llena de ironías”, escriben Maggie Haberman y Jonathan Swan en la introducción a Regime Change, su reciente libro sobre la segunda presidencia de Donald Trump. Su lectura tiene interés para los venezolanos porque reconstruye, desde dentro de la administración estadounidense, cómo se estudió y planificó durante meses la operación militar del 3 de enero, que terminó con la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores. El libro expone también las distintas posiciones que se enfrentaron en Washington sobre qué hacer con Venezuela y quién debía gobernarla después de Maduro. Haberman y Swan muestran que la operación militar no fue la primera ni la única alternativa considerada. Antes de recurrir a la fuerza, Donald Trump buscó una salida negociada y utilizó como intermediario al empresario brasileño Joesley Batista, quien conocía personalmente a Maduro. A petición de Trump, viajó a Caracas para convencerlo de que renunciara. Maduro se negó y la gestión fracasó. Suscríbete aquí para hacerle seguimiento diario al rescate de Venezuela tras los sismos Luego Trump recurrió a Tucker Carlson, una personalidad de mayor peso político por su cercanía, en ese momento, con el presidente y por su pegada en la opinión pública estadounidense. Carlson pensaba que una intervención militar destinada a producir un cambio de régimen podía provocar consecuencias imprevisibles, como había ocurrido en Irak. Por eso recomendó mantener la estructura del gobierno para preservar la gobernabilidad. A esa preocupación se añadió la m
Fuente: La Patilla — Ver nota original