Una bandera venezolana ondea mientras la gente busca los cuerpos de sus seres queridos entre los escombros, tras los terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio y que causaron la muerte y el desplazamiento de miles de personas, en Caraballeda, La Guaira (REUTERS/Gaby Oraa)24 Ago, 2026 03:00 a. m. ESTGuardarSe cumplen 2 meses del doble terremoto que dejó un saldo de más de 6.000 víctimas, 50.000 desaparecidos y cerca de 60.000 edificios dañados o destruidos en Venezuela. Esta catástrofe no solo ha fracturado el paisaje físico, sino que ha expuesto la fragilidad institucional acumulada tras 27 años de ineficiencia. En este momento crítico, la interrogante fundamental que debe guiar la agenda nacional es cómo abordar la reconstrucción de manera efectiva y transformadora.Este proceso no representa únicamente un desafío financiero de gran escala; es, ante todo, un reto para las políticas públicas y una prueba de nuestra capacidad para asimilar lecciones globales. La experiencia internacional, desde Chile en 2010 y Japón en 2011 hasta Turquía en 2023, demuestra que los grandes desastres obligan a replantear las prioridades. La nación enfrenta una encrucijada determinante para su porvenir: consolidar una transformación estructural de su economía o sucumbir, bajo la sombra de la debilidad institucional, a ciclos de gestión ineficiente y proyectos carentes de rigor técnico.PUBLICIDADLa magnitud del dañoEl Banco Mundial estima daños directos por US$19.600 millones, concentrados en un 50% en el sector vivienda. Sin embargo, a esta cifra alarmante deben sumarse las pérdidas indirectas que comprometen el futuro: la interrupción prolongada de la actividad económica, la caída drástica del comercio y la desarticulación de las cadenas logísticas, lo que impacta severamente en el empleo, tanto formal como informal.El caso de La Guaira es particularmente elocuente. Al albergar el principal puerto del país y el aeropuerto internacional, este corredor logístico hacia Caracas es v
Fuente: Infobae VE — Ver nota original